RITOS INICIATICOS
RITOS INICIÁTICOS
El rito constituye el elemento esencial para la transmisión de la influencia espiritual y la vinculación a la "cadena iniciática", si
bien puede decirse que, sin los ritos, no podría haber iniciación en modo alguno. Nos es preciso volver ahora sobre esta cuestión de los ritos para precisar ciertos puntos particularmente importantes; claro está que, por otra parte, no pretendemos tratar aquí completamente los ritos en general, su razón de ser, su papel, las diversas especies en que se dividen, pues éste es todavía un tema que pediría por sí solo un volumen completo.
Es importante señalar en principio que la presencia de los ritos es un carácter común a todas las instituciones tradicionales, del orden que sean, exotéricas tanto como esotéricas, tomando estos términos en su sentido más amplio como ya hemos hecho anteriormente. Este carácter es una consecuencia del elemento "no humano" implicado esencialmente en tales instituciones, pues puede decirse que los ritos tienen siempre como objetivo poner al ser humano en relación, directa o
indirectamente, con algo que sobrepasa su individualidad y que pertenece a otros estados de existencia; es evidente por otra parte que no es necesario en todos los casos que la comunicación así establecida sea consciente para ser real, pues opera muy habitualmente por intermedio de ciertas modalidades sutiles del individuo, modalidades a las cuales la mayor parte de los hombres son actualmente incapaces de transferir el centro de su conciencia. Sea aparente o no el efecto, inmediato o diferido, el rito lleva siempre su eficacia en sí mismo, a condición, claro está, que sea cumplido de acuerdo a las
reglas tradicionales que aseguran su validez, y fuera de las cuales no sería mas que una forma vacía y un simulacro vano; y esta eficacia no tiene nada de "maravilloso" ni de "mágico", como a menudo algunos dicen con una manifiesta intención de denigración o negación, pues resulta simplemente de leyes claramente definidas según las cuales
actúan las influencias espirituales, leyes cuya "técnica" ritual no es, en suma, sino la aplicación y la puesta en marcha (103).
Esta consideración de la eficacia inherente a los ritos, fundada sobre leyes que no dejan ningún lugar a la fantasía o a lo arbitrario, es común a todos los casos sin excepción; es cierta para los ritos de orden exotérico tanto como para los ritos iniciáticos, y, entre los primeros, tanto para los ritos referidos a las formas tradicionales no religiosas como para los ritos religiosos. Debemos recordar todavía a propósito de esto, pues es uno de los puntos más importantes, que, como hemos ya explicado anteriormente, esta eficacia es completamente independiente del valor propio del individuo que cumple el rito; solo la función cuenta aquí, y no el individuo como tal; en otras palabras, la condición necesaria y suficiente es que éste haya recibido regularmente el poder de cumplir tal rito; poco importa que no comprenda verdaderamente su significado, e incluso que no crea en su eficacia, pues ello no podría impedir al rito ser válido si todas las reglas prescritas han sido convenientemente observadas.
Dicho esto, podemos volver a lo que concierne más especialmente a la iniciación, y señalaremos de principio, a este respecto, que su carácter ritual pone todavía en evidencia una de las diferencias fundamentales que la separan del misticismo, para el cual no existe nada de ello, lo que se comprende sin dificultad si nos referimos a lo que se ha dicho sobre su "irregularidad". Se estará quizás tentado a objetar que el misticismo aparece a menudo como teniendo una conexión más o menos directa con la observancia de ciertos ritos; pero éstos no le pertenecen en absoluto propiamente, no siendo otra cosa que ritos
religiosos ordinarios; y, por otra parte, esta conexión no tiene ningún carácter de necesidad, pues, de hecho, está lejos de existir en todos los casos, mientras que, lo repetimos, no hay iniciación sin ritos especiales y apropiados. La iniciación, en efecto, no es, como las realizaciones místicas, algo que caiga desde las nubes, si puede decirse, sin que se sepa cómo ni por qué; descansa por el contrario sobre leyes científicas positivas y sobre rigurosas reglas técnicas; no podría insistirse más en ello, cada vez que la ocasión se presenta, para descartar toda posibilidad de malentendidos sobre su verdadera
naturaleza.
En cuanto a la distinción entre ritos iniciáticos y ritos exotéricos, no podemos sino indicarla aquí muy sumariamente, pues, si se tratara de entrar en detalles, se correría el riesgo de ir demasiado lejos; habría lugar, especialmente, para extraer todas las consecuencias del hecho de que los primeros están reservados y no conciernen sino a una elite que posee particulares cualificaciones, mientras que los segundos son públicos y se dirigen indistintamente a todos los
miembros de un medio social dado, lo que demuestra que, sean cuales puedan ser a veces las similitudes aparentes, en realidad el objetivo no podría ser el mismo.
De hecho, los ritos exotéricos no tienen como objetivo, como los ritos iniciáticos, abrir al ser ciertas
posibilidades de conocimiento, para lo cual no todos podrían ser aptos; y, por otra parte, es esencial indicar que, aunque
necesariamente hacen así una llamada a la intervención de un elemento de orden supra-individual, su acción no está destinada jamás a sobrepasar el dominio de la individualidad. Esto es muy visible en el caso de los ritos religiosos, a los que podemos tomar particularmente como término de comparación, pues son los únicos ritos exotéricos que actualmente conoce Occidente: toda religión se propone únicamente asegurar la "salvación" de sus adherentes, lo que es una finalidad
referida aún al orden individual, y, por definición en cierto modo, su punto de vista no se extiende más allá; los propios místicos no consideran nunca sino la "salvación", y jamás la "liberación", mientras que ésta es, por el contrario, el fin último y supremo de toda iniciación.
posibilidades de conocimiento, para lo cual no todos podrían ser aptos; y, por otra parte, es esencial indicar que, aunque
necesariamente hacen así una llamada a la intervención de un elemento de orden supra-individual, su acción no está destinada jamás a sobrepasar el dominio de la individualidad. Esto es muy visible en el caso de los ritos religiosos, a los que podemos tomar particularmente como término de comparación, pues son los únicos ritos exotéricos que actualmente conoce Occidente: toda religión se propone únicamente asegurar la "salvación" de sus adherentes, lo que es una finalidad
referida aún al orden individual, y, por definición en cierto modo, su punto de vista no se extiende más allá; los propios místicos no consideran nunca sino la "salvación", y jamás la "liberación", mientras que ésta es, por el contrario, el fin último y supremo de toda iniciación.
Otro punto de importancia capital es el siguiente: la iniciación, en cualquier grado, representa para el ser
que la recibe una adquisición permanente, un estado que, virtual o efectivamente, se alcanza de una vez para siempre, y que nada en adelante podrá arrebatarle.
que la recibe una adquisición permanente, un estado que, virtual o efectivamente, se alcanza de una vez para siempre, y que nada en adelante podrá arrebatarle.
Podemos señalar que hay aún una diferencia muy clara con los estados místicos, que se muestran como
algo pasajero e incluso fugitivo, de los cuales el ser sale como ha entrado, y puede incluso no regresar jamás, lo que se explica por el carácter "fenoménico" de estos estados, recibidos del exterior, en cualquier caso, en lugar de proceder de la "interioridad" misma del ser.
algo pasajero e incluso fugitivo, de los cuales el ser sale como ha entrado, y puede incluso no regresar jamás, lo que se explica por el carácter "fenoménico" de estos estados, recibidos del exterior, en cualquier caso, en lugar de proceder de la "interioridad" misma del ser.
De aquí resulta inmediatamente esta consecuencia: que los ritos de iniciación confieren un carácter definitivo e imborrable;
ocurre por otra parte lo mismo, en otro orden, con ciertos ritos religiosos, que, por esta razón, no podrían ser jamás renovados por el mismo individuo, y que son por ello los que presentan la analogía más acentuada con los ritos iniciáticos, hasta tal punto que se les podría, en cierto sentido, considerar como una especie de
transposición de aquellos en el dominio exotérico.
Otra consecuencia de lo dicho es la que ya hemos indicado de pasada, pero sobre la cual convienen insistir un poco más: la cualidad iniciática, una vez que ha sido recibida, no está en absoluto vinculada al hecho de ser miembro activo de tal o cual organización; desde el instante en que la vinculación a una organización tradicional ha sido efectuada, no puede ser rota por nada, y subsiste incluso cuando el individuo no tiene con esta organización ninguna relación
aparente, lo que no tiene sino una importancia completamente secundaria a este respecto. Solo esto bastaría, a falta de toda otra consideración, para demostrar el modo en que las organizaciones iniciáticas difieren profundamente de las asociaciones profanas, a las cuales no podrían ser asimiladas o ni siquiera comparadas en forma
alguna: aquel que se retira de una asociación profana o que es expulsado de ella no tiene ya ninguna vinculación con la misma y se convierte exactamente en lo que era antes de formar parte de dicha asociación; por el contrario, el lazo establecido por el carácter iniciático no depende de contingencias tales como una dimisión o una expulsión, que son de orden simplemente "administrativo", como ya dijimos, y no afectan sino a las relaciones exteriores; y, si estas últimas son todo en el orden profano, donde una organización no tiene otra cosa que ofrecer a sus miembros, no son por el contrario en el
orden iniciático sino un medio completamente accesorio, y en absoluto necesario, en relación con las realidades interiores que son las únicas verdaderamente importantes. Es suficiente, pensamos, un poco de reflexión para darse cuenta de que todo esto es de una perfecta evidencia; lo que es asombroso, constatémoslo, y hemos tenido varias veces la ocasión de hacerlo, es un desconocimiento casi general de nociones tan simples y elementales.
Notas:
Apenas hay necesidad de decir que todas las consideraciones que aquí exponemos conciernen exclusivamente a los verdaderos ritos, que poseen un carácter auténticamente tradicional, y que rehusamos absolutamente dar el nombre de ritos a lo que no es sino una parodia, es decir, a ceremonias establecidas en virtud de costumbres puramente humanas, y cuyo efecto, si tienen alguno, no podría en ningún caso sobrepasar el dominio "psicológico", en el sentido más profano de la
palabra; la distinción entre los ritos y las ceremonias es por otra parte lo demasiado importante como para que la tratemos especialmente a continuación.
ocurre por otra parte lo mismo, en otro orden, con ciertos ritos religiosos, que, por esta razón, no podrían ser jamás renovados por el mismo individuo, y que son por ello los que presentan la analogía más acentuada con los ritos iniciáticos, hasta tal punto que se les podría, en cierto sentido, considerar como una especie de
transposición de aquellos en el dominio exotérico.
Otra consecuencia de lo dicho es la que ya hemos indicado de pasada, pero sobre la cual convienen insistir un poco más: la cualidad iniciática, una vez que ha sido recibida, no está en absoluto vinculada al hecho de ser miembro activo de tal o cual organización; desde el instante en que la vinculación a una organización tradicional ha sido efectuada, no puede ser rota por nada, y subsiste incluso cuando el individuo no tiene con esta organización ninguna relación
aparente, lo que no tiene sino una importancia completamente secundaria a este respecto. Solo esto bastaría, a falta de toda otra consideración, para demostrar el modo en que las organizaciones iniciáticas difieren profundamente de las asociaciones profanas, a las cuales no podrían ser asimiladas o ni siquiera comparadas en forma
alguna: aquel que se retira de una asociación profana o que es expulsado de ella no tiene ya ninguna vinculación con la misma y se convierte exactamente en lo que era antes de formar parte de dicha asociación; por el contrario, el lazo establecido por el carácter iniciático no depende de contingencias tales como una dimisión o una expulsión, que son de orden simplemente "administrativo", como ya dijimos, y no afectan sino a las relaciones exteriores; y, si estas últimas son todo en el orden profano, donde una organización no tiene otra cosa que ofrecer a sus miembros, no son por el contrario en el
orden iniciático sino un medio completamente accesorio, y en absoluto necesario, en relación con las realidades interiores que son las únicas verdaderamente importantes. Es suficiente, pensamos, un poco de reflexión para darse cuenta de que todo esto es de una perfecta evidencia; lo que es asombroso, constatémoslo, y hemos tenido varias veces la ocasión de hacerlo, es un desconocimiento casi general de nociones tan simples y elementales.
Notas:
Apenas hay necesidad de decir que todas las consideraciones que aquí exponemos conciernen exclusivamente a los verdaderos ritos, que poseen un carácter auténticamente tradicional, y que rehusamos absolutamente dar el nombre de ritos a lo que no es sino una parodia, es decir, a ceremonias establecidas en virtud de costumbres puramente humanas, y cuyo efecto, si tienen alguno, no podría en ningún caso sobrepasar el dominio "psicológico", en el sentido más profano de la
palabra; la distinción entre los ritos y las ceremonias es por otra parte lo demasiado importante como para que la tratemos especialmente a continuación.
Es entonces un grave error emplear, tal como hemos visto hacer a menudo a cierto escritor masónico, aparentemente muy satisfecho de este "hallazgo" más bien poco afortunado, la expresión de "jugar al ritual" (jouer au rituel, en el original) hablando del cumplimiento de los ritos iniciáticos por individuos que ignoran su sentido y que ni siquiera pretenden penetrarlo; tal expresión no podría convenir sino en el caso de profanos que simularan los ritos, no teniendo cualidad
para cumplirlos validamente; pero, en una organización iniciática, por degenerada que pueda estar en cuanto a la cualidad de sus miembros actuales, el ritual no es algo a lo que se juegue, es y siempre permanece siendo algo serio y realmente eficaz, incluso a pesar de la ignorancia de quienes toman parte en él.
Es a esta técnica, concerniente al manejo de las influencias espirituales, que se relacionan propiamente expresiones como "arte
sacerdotal" y "arte real", designando a las aplicaciones respectivas de las iniciaciones correspondientes; por otra parte, se trata aquí de ciencia sagrada y tradicional, pero que, siendo con seguridad de un orden totalmente distinto al de la ciencia profana, no es menos"positivo", y lo es incluso realmente mucho más si tomamos esta palabra en su verdadero sentido, en lugar de corromperlo abusivamente como hacen los "cientifistas" modernos.
Señalemos a este propósito el error de los etnólogos y sociólogos que califican muy impropiamente de "ritos de iniciación" a ritos que se refieren simplemente a la agregación del individuo a una organización social exterior, y para los cuales el hecho de haber alcanzado una cierta edad constituye la única cualificación requerida; volveremos por otra parte sobre este punto a continuación.
Si se dice que, según la distinción que precisaremos más adelante, esto no es cierto sino para los "grandes misterios", responderemos que los "pequeños misterios", que se detienen efectivamente en los límites de las posibilidades humanas, no constituyen con relación a aquellos sino un estadio preparatorio y no tienen en sí mismos su propio fin, mientras que la religión se presenta como un todo que se basta a sí mismo y no requiere ningún complemento ulterior.
Precisemos, para que no haya lugar a ninguna equivocación, que esto debe entenderse únicamente de los grados de iniciación, y no de las funciones, que pueden ser conferidas temporalmente a un individuo, o éste puede convertirse en no apto para ejercerlas por múltiples razones; son éstas dos cosas completamente distintas, entre las cuales se debe evitar cualquier confusión, siendo la primera de orden puramente interior, mientras que la segunda se refiere a una actividad exterior del ser, lo que explica la diferencia que acabamos de indicar.
Esto toca de cerca la cuestión de la "dualidad", que necesariamente mantiene el punto de vista religioso, al igual que se relaciona esencialmente con lo que la terminología hindú designa como el "No-Supremo".
Se sabe que, de entre los siete sacramentos del Catolicismo, hay tres que se encuentran en este caso y no pueden ser recibidos sino una sola vez: el bautismo, la confirmación y la ordenación; la analogía entre el bautismo y la iniciación, en tanto que "segundo nacimiento", es evidente, y la confirmación representa en principio el acceso a un grado superior; en cuanto a la ordenación, ya hemos señalado las similitudes que se pueden encontrar con lo concerniente a la transmisión de las influencias espirituales, y que se vuelven todavía más sorprendentes por el hecho de que este sacramento no es recibido por todos y requiere, como hemos dicho, ciertas cualificaciones especiales.
Por tomar, a título de aplicación de lo que acaba de ser dicho en último lugar, el ejemplo más simple y vulgar en lo concerniente a las organizaciones iniciáticas, diremos que es completamente inexacto hablar de un "ex-Masón" como se hace corrientemente; un Masón dimisionario o incluso excluido no forma parte de ninguna Logia ni de ninguna Obediencia, pero no deja de permanecer siendo Masón por ello; que por otra parte él mismo lo quiera o no, no cambia en nada las cosas; y la prueba está en que, si a continuación vuelve a ser"reintegrado", no se le inicia de nuevo ni se le hace pasar por los grados que ya había recibido; así, la expresión inglesa unattached mason es la única que conviene propiamente en semejante caso.
para cumplirlos validamente; pero, en una organización iniciática, por degenerada que pueda estar en cuanto a la cualidad de sus miembros actuales, el ritual no es algo a lo que se juegue, es y siempre permanece siendo algo serio y realmente eficaz, incluso a pesar de la ignorancia de quienes toman parte en él.
Es a esta técnica, concerniente al manejo de las influencias espirituales, que se relacionan propiamente expresiones como "arte
sacerdotal" y "arte real", designando a las aplicaciones respectivas de las iniciaciones correspondientes; por otra parte, se trata aquí de ciencia sagrada y tradicional, pero que, siendo con seguridad de un orden totalmente distinto al de la ciencia profana, no es menos"positivo", y lo es incluso realmente mucho más si tomamos esta palabra en su verdadero sentido, en lugar de corromperlo abusivamente como hacen los "cientifistas" modernos.
Señalemos a este propósito el error de los etnólogos y sociólogos que califican muy impropiamente de "ritos de iniciación" a ritos que se refieren simplemente a la agregación del individuo a una organización social exterior, y para los cuales el hecho de haber alcanzado una cierta edad constituye la única cualificación requerida; volveremos por otra parte sobre este punto a continuación.
Si se dice que, según la distinción que precisaremos más adelante, esto no es cierto sino para los "grandes misterios", responderemos que los "pequeños misterios", que se detienen efectivamente en los límites de las posibilidades humanas, no constituyen con relación a aquellos sino un estadio preparatorio y no tienen en sí mismos su propio fin, mientras que la religión se presenta como un todo que se basta a sí mismo y no requiere ningún complemento ulterior.
Precisemos, para que no haya lugar a ninguna equivocación, que esto debe entenderse únicamente de los grados de iniciación, y no de las funciones, que pueden ser conferidas temporalmente a un individuo, o éste puede convertirse en no apto para ejercerlas por múltiples razones; son éstas dos cosas completamente distintas, entre las cuales se debe evitar cualquier confusión, siendo la primera de orden puramente interior, mientras que la segunda se refiere a una actividad exterior del ser, lo que explica la diferencia que acabamos de indicar.
Esto toca de cerca la cuestión de la "dualidad", que necesariamente mantiene el punto de vista religioso, al igual que se relaciona esencialmente con lo que la terminología hindú designa como el "No-Supremo".
Se sabe que, de entre los siete sacramentos del Catolicismo, hay tres que se encuentran en este caso y no pueden ser recibidos sino una sola vez: el bautismo, la confirmación y la ordenación; la analogía entre el bautismo y la iniciación, en tanto que "segundo nacimiento", es evidente, y la confirmación representa en principio el acceso a un grado superior; en cuanto a la ordenación, ya hemos señalado las similitudes que se pueden encontrar con lo concerniente a la transmisión de las influencias espirituales, y que se vuelven todavía más sorprendentes por el hecho de que este sacramento no es recibido por todos y requiere, como hemos dicho, ciertas cualificaciones especiales.
Por tomar, a título de aplicación de lo que acaba de ser dicho en último lugar, el ejemplo más simple y vulgar en lo concerniente a las organizaciones iniciáticas, diremos que es completamente inexacto hablar de un "ex-Masón" como se hace corrientemente; un Masón dimisionario o incluso excluido no forma parte de ninguna Logia ni de ninguna Obediencia, pero no deja de permanecer siendo Masón por ello; que por otra parte él mismo lo quiera o no, no cambia en nada las cosas; y la prueba está en que, si a continuación vuelve a ser"reintegrado", no se le inicia de nuevo ni se le hace pasar por los grados que ya había recibido; así, la expresión inglesa unattached mason es la única que conviene propiamente en semejante caso.

0 Comments:
Post a Comment
<< Home